Desde la punta del tacón, sube por las caderas, toca la espalda y desemboca en ese escalofrío inigualable en la nuca. Un recorrido repetido tantas veces que ya apenas dura un segundo. Pero es un segundo tan intenso... Le intento esquivar, le intento evitar y cuando le veo no le miro a la cara, pero ha acariciado tantas veces los contornos de mi piel que se cree dueño. No responde a mis órdenes. No responde a mis ruegos. Me deja sola e indefensa. Me atrapa y me abrazada cambiado el calor que profesaba por un frío inquietante.
La lava candente ruge en el interior del volcán. Espera el momento oportuno para salir a quemar la superficie terrestre. Deslizándose lenta y blandamente. Podría parecer que son caricias. Que como una lengua roja va lamiendo la áspera superficie terrestre. Cubre de intensidad el triste color oscuro de las rocas. Entonces la tierra cobra vida, late. No existe más vida que el ardiente manto que va expandiéndose. El calor lo envuelve todo y lo desvanece. Sólo el candor de esas caricias rojas. Donde se fusionan la capa inferior de lo interno con la capa superior de lo externo. La excitación de los gases deja el hilo de pasión que aunque se enfríe, deja permanente un paso un poco más alto.
Y después, sólo queda el daño producido. Hermoso por su grandeza. Triste y apagado.
domingo, 17 de febrero de 2013
jueves, 14 de febrero de 2013
El bosque (Capítulo I)
Es un bosque de esos salvajes que nos deleita sólo imaginarlo. Uno de esos que se pintan en sueños, que la cinematografía idealiza y la literatura detalla en los pasajes bellos de los libros. Yo había hablado alguna vez de esta gran extensión maravillosa, pero siendo escéptica como soy, no tuve más remedio que no creerlo. Sin embargo, uno de estos días en los que me encontraba perdida decidí poner rumbo hacía el supuesto lugar, simplemente por viajar con un destino. Quizá, en el fondo, lo que me impulsó fue la lejanía y sobre todo, tener una ocupación durante el largo trayecto. Una duda inofensiva, que llena la mente impidiendo que atraquen barcos indeseados.
Después de más de veinte días de viaje, ante mis ojos pude comprobar la existencia de aquel bosque. Al principio, me pareció hermoso, enormemente hermoso. Incapaz de albergar el mal en cualquiera de su forma. Ni siquiera parecía que pudiese haber anímales carnívoros. ¡Que tontería! Me advirtieron también, que el bosque era muy peligroso, que podía quedarme atrapada. Y de nuevo, no creí. Pensé "Yo no, esas cosas sólo les pasa a los descuidados.". Y atrapada o no, lo cierto que es que llevo ya varios años aquí, tan absorta en lo que siento que hasta hoy no se me ocurrió dejar constancia en estas notas.
Lo que más me sorprende de este lugar, es que, en contra de lo que esperaba, no encontré gran variedad de especies. Apenas existía fauna y los árboles todos pertenecían a la misma especie. También me habían informado de esto, pero una vez más mi escepticismo tuvo que tragarse sus palabras. Cuando entré en el bosque, todos los árboles, eran verdes y frondosos. Todos iguales, de la misma especie. De pronto, mi nueva obsesión fue encontrar algo diferente, variedad en esa inmensidad verde. Sin darme cuenta, el camino se fue difuminando y acaba internada en aquel inhóspito lugar. Día y noche dediqué a estudiar aquella extraña vegetación. Y un día me rendí, y me dí cuenta de que llevaba ya varios meses sin comer ni beber y no había perdido ni un gramo, ni tenía hambre, ni tenía sed. Empecé a darme cuenta entonces, que aquello no era un lugar normal, no podía sino ser un espacio mágico. Y dormí hasta que una voz me despertó. Me levanté sobresaltada pero hay no había nadie. Pensé que habría sido un sueño, entonces volví a oír la voz. Al ver de dónde provenía, el pánico palideció mi rostro. Eran los árboles los que armaban esa algarabía. Pensé que había enloquecido, y por un momento me importó, pero pronto me di cuenta de que en ese lugar de poco me servía estar cuerda.
Una vez recuperada de aquel impacto, fui conversando con ellos, y me hicieron ver que había sido una observadora poco hábil. Aunque pertenecían a la misma especie ninguno era igual a otro, unos mas grandes, otros más verdes, unos con más hojas, otros con las ramas en lo alto y otros con las ramas más abajo. ¡Eran iguales y completamente diferentes! Cada vez estaba más segura de que había perdido completamente la cabeza.
Después de más de veinte días de viaje, ante mis ojos pude comprobar la existencia de aquel bosque. Al principio, me pareció hermoso, enormemente hermoso. Incapaz de albergar el mal en cualquiera de su forma. Ni siquiera parecía que pudiese haber anímales carnívoros. ¡Que tontería! Me advirtieron también, que el bosque era muy peligroso, que podía quedarme atrapada. Y de nuevo, no creí. Pensé "Yo no, esas cosas sólo les pasa a los descuidados.". Y atrapada o no, lo cierto que es que llevo ya varios años aquí, tan absorta en lo que siento que hasta hoy no se me ocurrió dejar constancia en estas notas.
Lo que más me sorprende de este lugar, es que, en contra de lo que esperaba, no encontré gran variedad de especies. Apenas existía fauna y los árboles todos pertenecían a la misma especie. También me habían informado de esto, pero una vez más mi escepticismo tuvo que tragarse sus palabras. Cuando entré en el bosque, todos los árboles, eran verdes y frondosos. Todos iguales, de la misma especie. De pronto, mi nueva obsesión fue encontrar algo diferente, variedad en esa inmensidad verde. Sin darme cuenta, el camino se fue difuminando y acaba internada en aquel inhóspito lugar. Día y noche dediqué a estudiar aquella extraña vegetación. Y un día me rendí, y me dí cuenta de que llevaba ya varios meses sin comer ni beber y no había perdido ni un gramo, ni tenía hambre, ni tenía sed. Empecé a darme cuenta entonces, que aquello no era un lugar normal, no podía sino ser un espacio mágico. Y dormí hasta que una voz me despertó. Me levanté sobresaltada pero hay no había nadie. Pensé que habría sido un sueño, entonces volví a oír la voz. Al ver de dónde provenía, el pánico palideció mi rostro. Eran los árboles los que armaban esa algarabía. Pensé que había enloquecido, y por un momento me importó, pero pronto me di cuenta de que en ese lugar de poco me servía estar cuerda.
Una vez recuperada de aquel impacto, fui conversando con ellos, y me hicieron ver que había sido una observadora poco hábil. Aunque pertenecían a la misma especie ninguno era igual a otro, unos mas grandes, otros más verdes, unos con más hojas, otros con las ramas en lo alto y otros con las ramas más abajo. ¡Eran iguales y completamente diferentes! Cada vez estaba más segura de que había perdido completamente la cabeza.
lunes, 21 de enero de 2013
Te quiero
Ahora que no me oyes, empezaré por decir que te quiero, te quiero mucho, te amo incluso, o te amé, no lo tengo muy claro. Fui una diosa mientras te besaba y te hice el amor llevándote al cielo donde vivo, incluso dibuje unas alas con mi sonrisa en tu espalda...y sin embargo, sigues sin poder volar. No supe ver que no quieres volar, que como lombriz que has sido siempre no sabes ni quieres ser pájaro.
miércoles, 16 de enero de 2013
Reflexiones
Esta vez la metáfora se quedó dormida, y aunque ronca, sólo parece oírse el arrullo de la realidad. Algunas fantasías te hacen rememorar la realidad con más nitidez que las propias fotografías. Y esa realidad en la que me encuentro es la que me urge retratar hoy, sin adornos ni espejismos. Sin ese humo blanco de escenarios que buscan la impresión del público.
Esta semana, me he dado cuenta de que me siento orgullosa de algunas de las personas de mi vida. No quiere decir que antes fueran infravaloradas, simplemente no pensé en ello o no lo hice de la misma forma. Pero creo que hemos hecho una gran labor conjunta, que hay acertijos que de tan obvios se tornan casi imposibles. Y aún así, estoy rodeada de gente capaz de trazar salidas en laberintos camuflados. Me tornaré prepotente, sólo por no hacer gala de una "falsa modestia" de esas que tanto se estila y después se tornan en envidias y celos. La proeza que me adjudico puede ser incluso falsa, pero aun así me hace sentir el calor del sano orgullo. Y es que, en el fondo, me siento gran colaboradora de la resolución de esos pasatiempos tan aparentemente sin sentido. Apenas hice nada, pero a veces, resaltar lo obvio supone un gran paso.
Nunca había pensado en ello, y ni siquiera le había dado importancia, pero a veces, las pequeñas gotas calamos hondo. En ocasiones, nos chocamos con un poste que tenemos delante por ir mirando a lo lejos. ¡Que bien viene que alguien te advierta a tiempo! En todo caso, hoy quería dar una palmadita al "descubrimiento de lo obvio" y premio para mi misma algunas de mis impertinencias.
No es el único pensamiento que ocupó mi mente esta semana, mas que pensamientos, casi diría descubrimientos. Se diría que por fin hice la parada que tanto me pedía el cuerpo y además lo hice en el mirador del puerto. Y es que, un poco sin querer, y otro poco sin querer evitarlo, he ido cambiando. No es que haya sufrido una metamorfosis Kafkiana, pero ya no pido los mismos juguetes a los reyes. Los autores y cantantes que antes me impresionaban ahora tornan de un color distinto, y descubro nuevos notos haya donde mire. No es que me sienta más especial que el resto de la humanidad, pero sí creo que constituye una parte importante de mi vida. LLevo un tiempo arrastrando la pesada carga de la incompresión. No me estoy declarando "mártir" de la sociedad, no, soy yo la que hago "mártir" a los hechos. La duda de si suponen un antes y un después, la duda de si me beneficia o me perjudica, incluso juicios sobre historias anteriores. Ganas de recuperar y ganas de huir. Voces que arrullan el fin de una etapa. Espejismos en los rincones cotidianos que truncan mi olvido. Quizá lo más cuerdo es pensar que simplemente adelanté el fin de una etapa, mi naturaleza impaciente me traicionó. Quizá simplemente el cambio tenía que llegar y llegó. Si ya no soy la misma, quizá, sólo quizá, es lógico que mi entorno no reaccione como hasta entonces si ellos no cambian conmigo. Yo evoluciono y el resto busca su propia evolución. Y las evoluciones se pierden como las ramas de un árbol frondoso que las hojas impiden el conocimiento de las ramas lejanas. Quizá hasta ahora no me haya dado cuenta que tarde o temprano los caminos se bifurcarían. Quizá, no abandono el quizá, porque todavía queda el rescollo que imagina que no tuvo por qué ser así. Esa lógica melancólica que se aferra al pasado, a lo conocido, temerosa del porvenir. La que revisa lo invertido y rememora los daños. La que mira historias ajenas con nostalgia. Es esa lógica, la que sostiene en firme que no tiene porqué ser así, que no tendría por qué haber sido así, que el problema no es el cambio sino quienes lo realizan.
Y yo, si ignoro al reino de lo posible y lo imposible, me quedo con que al final se reduce a un trámite, adelantado y abrupto, pero irremediable. No sé si dentro de unos años me alegraré de no arrastrar lastres del pasado o si por el contrario, lloraré la pérdida, eso sí, sin arrepentimiento como si de un accidente corriente se tratase. En realidad escribo porque la niebla es demasiado espesa, y aunque se insinúa el salto, no estoy segura o precisamente es una ilusión que repito con la esperanza de que se convierta en realidad. Es mi clavo ardiendo...
Esta semana, me he dado cuenta de que me siento orgullosa de algunas de las personas de mi vida. No quiere decir que antes fueran infravaloradas, simplemente no pensé en ello o no lo hice de la misma forma. Pero creo que hemos hecho una gran labor conjunta, que hay acertijos que de tan obvios se tornan casi imposibles. Y aún así, estoy rodeada de gente capaz de trazar salidas en laberintos camuflados. Me tornaré prepotente, sólo por no hacer gala de una "falsa modestia" de esas que tanto se estila y después se tornan en envidias y celos. La proeza que me adjudico puede ser incluso falsa, pero aun así me hace sentir el calor del sano orgullo. Y es que, en el fondo, me siento gran colaboradora de la resolución de esos pasatiempos tan aparentemente sin sentido. Apenas hice nada, pero a veces, resaltar lo obvio supone un gran paso.
Nunca había pensado en ello, y ni siquiera le había dado importancia, pero a veces, las pequeñas gotas calamos hondo. En ocasiones, nos chocamos con un poste que tenemos delante por ir mirando a lo lejos. ¡Que bien viene que alguien te advierta a tiempo! En todo caso, hoy quería dar una palmadita al "descubrimiento de lo obvio" y premio para mi misma algunas de mis impertinencias.
No es el único pensamiento que ocupó mi mente esta semana, mas que pensamientos, casi diría descubrimientos. Se diría que por fin hice la parada que tanto me pedía el cuerpo y además lo hice en el mirador del puerto. Y es que, un poco sin querer, y otro poco sin querer evitarlo, he ido cambiando. No es que haya sufrido una metamorfosis Kafkiana, pero ya no pido los mismos juguetes a los reyes. Los autores y cantantes que antes me impresionaban ahora tornan de un color distinto, y descubro nuevos notos haya donde mire. No es que me sienta más especial que el resto de la humanidad, pero sí creo que constituye una parte importante de mi vida. LLevo un tiempo arrastrando la pesada carga de la incompresión. No me estoy declarando "mártir" de la sociedad, no, soy yo la que hago "mártir" a los hechos. La duda de si suponen un antes y un después, la duda de si me beneficia o me perjudica, incluso juicios sobre historias anteriores. Ganas de recuperar y ganas de huir. Voces que arrullan el fin de una etapa. Espejismos en los rincones cotidianos que truncan mi olvido. Quizá lo más cuerdo es pensar que simplemente adelanté el fin de una etapa, mi naturaleza impaciente me traicionó. Quizá simplemente el cambio tenía que llegar y llegó. Si ya no soy la misma, quizá, sólo quizá, es lógico que mi entorno no reaccione como hasta entonces si ellos no cambian conmigo. Yo evoluciono y el resto busca su propia evolución. Y las evoluciones se pierden como las ramas de un árbol frondoso que las hojas impiden el conocimiento de las ramas lejanas. Quizá hasta ahora no me haya dado cuenta que tarde o temprano los caminos se bifurcarían. Quizá, no abandono el quizá, porque todavía queda el rescollo que imagina que no tuvo por qué ser así. Esa lógica melancólica que se aferra al pasado, a lo conocido, temerosa del porvenir. La que revisa lo invertido y rememora los daños. La que mira historias ajenas con nostalgia. Es esa lógica, la que sostiene en firme que no tiene porqué ser así, que no tendría por qué haber sido así, que el problema no es el cambio sino quienes lo realizan.
Y yo, si ignoro al reino de lo posible y lo imposible, me quedo con que al final se reduce a un trámite, adelantado y abrupto, pero irremediable. No sé si dentro de unos años me alegraré de no arrastrar lastres del pasado o si por el contrario, lloraré la pérdida, eso sí, sin arrepentimiento como si de un accidente corriente se tratase. En realidad escribo porque la niebla es demasiado espesa, y aunque se insinúa el salto, no estoy segura o precisamente es una ilusión que repito con la esperanza de que se convierta en realidad. Es mi clavo ardiendo...
lunes, 7 de enero de 2013
El diablo y yo
Era uno de esos días en los que me sentía triunfadora, fuerte e invencible. La carnaza más jugosa para el vil diablo. Ese ente peligroso y maligno que se alimenta de la vanidad. Demasiado feliz para aceptar tratos con el mal y demasiado prepotente para pedir la ayuda divina.
Subió de los infiernos a la tierra para llevarme con él, quería calentarse al fuego de quemar mi espíritu y así empezó todo.
Mi batalla con el señor de las tinieblas data de unos 150 años atrás, cuando por accidente trunqué uno de sus majestuosos planes evitando que un numero de estudiantes se incorporasen a su secta. Desde entonces, me viene persiguiendo y yo me hago la tonta. El quiere mi desdicha, el desea no sólo mi mal sino que pretende corromper mi alma para no tener salvación ni ahora ni en el resto de la eternidad. Cada dos pasos encontraba una trampa, en cada espejo veía su reflejo y de repente huyó.
Ilusa yo pensando que huyó, en realidad estaba preparando la estocada final, la jugada maestra el arma perfecto.
La verdad, no sé exactamente en que momento se me presentó. No sé si siempre fue el o tomó lo que tenía más a mano.
Hizo gala de su gran juego sucio y se disfrazó, me consiguió engañar con su disfraz dulce, inocente y aturdido. Y yo, demasiado confiada, demasiado ilusa fui cayendo en la red de su engaño. Usó la fragancia de los ángeles, que aunque le escamaba la piel cubría su cuerpo de un halo majestuosos y atrapó en su voz la magia de las sirenas.
Por una vez, tuvo la paciencia de los santos, y me esperó sentado, descansando para que todo fuese perfecto y el engaño infalible. Yo creí que me tropecé con el por casualidad, que era yo quien tuvo la iniciativa,que aquello era producto de mi hacer. ¡Cuán engañada me encontraba!
Caí en sus redes, me deje atrapar por la mezcla jugosa del placer y la locura. El éxtasis de las nuevas experiencias y el sabor de la acción. Lo abracé con pasión y olvidé el suelo que pisaba. Y el diablo, embutido en ese cuerpo mortal me devolvió falsas sonrisas ensayadas durante años y siguió esperando oculto, paladeando el azúcar de mis sueños.
Y por fin, cuando mis sueños estaban diluidos en los sudores de su placer empezó a actuar. Tan sutilmente que ni siquiera pensé que estaba cerca. El primer movimiento fue ensombrecer mi conciencia, que poco a poco, fue depositando piedrecitas de culpabilidad en la playa de mi virtud. Y la paya se fue estropeando. Cuando me dí cuenta, quise huir pero todavía no pensé que fuera él y no puse las fuerzas necesarias. El resultado fue que como una mosca en la elaborada tela de una araña me quedé atrapada, con la ficticia seguridad de estar al borde de esa tela. Y cuanto más me movía, mas atrapada me encontraba. Él mientras, sigilosamente seguía tejiendo cuando no miraba. Conseguí sentirme atrapada, cada vez más atrapada pero cuando intento huir no puedo. La tercera vez, planee mi escapada por la noche y le pillé tejiendo, entonces fue cuando se iluminó mi camino. Desde entonces vivo atrapada, cada vez más consciente de que el diablo consiguió engañarme y de que me lleva ventaja en esta partida.
Marcó los goles de la desgana y la tentación y hasta anotó las canastas del sin sentido y anuló mis tantos de la ilusión, la fuerza y el ego. Me ha hecho más pequeña y ha escondido trocitos de mi alma. Ya no sé muy bien quién soy ni qué quiero ni que hago.
Es un plan perfecto, pues aun sabiendo ya que el está detrás de todo no soy capaz de escapar. Me atrae como hechizada a sus manos y no me deja ir. Vivo en un sin vivir, vivo por él y contra él. Sé que es horrible y aún así no puedo separarme. No quiero ir a los infiernos con él y que el se quede conmigo mortalmente es imposible pero no soy capaz de decir basta. Como el drogadicto que sabe que algún día tendrá que dejarlo pero no es capaz. Él se ha convertido en eso, es una droga y una droga muy dura. Soy del diablo porque ha conseguido drogarme.
Subió de los infiernos a la tierra para llevarme con él, quería calentarse al fuego de quemar mi espíritu y así empezó todo.
Mi batalla con el señor de las tinieblas data de unos 150 años atrás, cuando por accidente trunqué uno de sus majestuosos planes evitando que un numero de estudiantes se incorporasen a su secta. Desde entonces, me viene persiguiendo y yo me hago la tonta. El quiere mi desdicha, el desea no sólo mi mal sino que pretende corromper mi alma para no tener salvación ni ahora ni en el resto de la eternidad. Cada dos pasos encontraba una trampa, en cada espejo veía su reflejo y de repente huyó.
Ilusa yo pensando que huyó, en realidad estaba preparando la estocada final, la jugada maestra el arma perfecto.
La verdad, no sé exactamente en que momento se me presentó. No sé si siempre fue el o tomó lo que tenía más a mano.
Hizo gala de su gran juego sucio y se disfrazó, me consiguió engañar con su disfraz dulce, inocente y aturdido. Y yo, demasiado confiada, demasiado ilusa fui cayendo en la red de su engaño. Usó la fragancia de los ángeles, que aunque le escamaba la piel cubría su cuerpo de un halo majestuosos y atrapó en su voz la magia de las sirenas.
Por una vez, tuvo la paciencia de los santos, y me esperó sentado, descansando para que todo fuese perfecto y el engaño infalible. Yo creí que me tropecé con el por casualidad, que era yo quien tuvo la iniciativa,que aquello era producto de mi hacer. ¡Cuán engañada me encontraba!
Caí en sus redes, me deje atrapar por la mezcla jugosa del placer y la locura. El éxtasis de las nuevas experiencias y el sabor de la acción. Lo abracé con pasión y olvidé el suelo que pisaba. Y el diablo, embutido en ese cuerpo mortal me devolvió falsas sonrisas ensayadas durante años y siguió esperando oculto, paladeando el azúcar de mis sueños.
Y por fin, cuando mis sueños estaban diluidos en los sudores de su placer empezó a actuar. Tan sutilmente que ni siquiera pensé que estaba cerca. El primer movimiento fue ensombrecer mi conciencia, que poco a poco, fue depositando piedrecitas de culpabilidad en la playa de mi virtud. Y la paya se fue estropeando. Cuando me dí cuenta, quise huir pero todavía no pensé que fuera él y no puse las fuerzas necesarias. El resultado fue que como una mosca en la elaborada tela de una araña me quedé atrapada, con la ficticia seguridad de estar al borde de esa tela. Y cuanto más me movía, mas atrapada me encontraba. Él mientras, sigilosamente seguía tejiendo cuando no miraba. Conseguí sentirme atrapada, cada vez más atrapada pero cuando intento huir no puedo. La tercera vez, planee mi escapada por la noche y le pillé tejiendo, entonces fue cuando se iluminó mi camino. Desde entonces vivo atrapada, cada vez más consciente de que el diablo consiguió engañarme y de que me lleva ventaja en esta partida.
Marcó los goles de la desgana y la tentación y hasta anotó las canastas del sin sentido y anuló mis tantos de la ilusión, la fuerza y el ego. Me ha hecho más pequeña y ha escondido trocitos de mi alma. Ya no sé muy bien quién soy ni qué quiero ni que hago.
Es un plan perfecto, pues aun sabiendo ya que el está detrás de todo no soy capaz de escapar. Me atrae como hechizada a sus manos y no me deja ir. Vivo en un sin vivir, vivo por él y contra él. Sé que es horrible y aún así no puedo separarme. No quiero ir a los infiernos con él y que el se quede conmigo mortalmente es imposible pero no soy capaz de decir basta. Como el drogadicto que sabe que algún día tendrá que dejarlo pero no es capaz. Él se ha convertido en eso, es una droga y una droga muy dura. Soy del diablo porque ha conseguido drogarme.
domingo, 2 de diciembre de 2012
La chispa de la vida
Sorprendentemente, los cambios más importantes suceden de la noche a la mañana. Esos que te dan la vida y al levantarte hacen que recuerdes que estás de puta madre. Hasta pueden apreciarse destellos de la varita mágica al vibrar.
Pero si hoy viniese el ilusionista más experimentado sólo apreciaría un gesto de resignación por no haber logrado transmitir la esencia de su arte. La esencia reside en saber que detrás de toda magia sólo hay truco. Un truco de mayor trabajo cuanto más impresionante es el contenido de la chistera.
Es como aquella gimnasta artística que hace figuras casi imposibles con una sonrisa en la cara, escondiendo cualquier atisbo de sufrimiento. Como los bailarines ejecutando "portés" con la misma ligereza con la que los demás caminamos.
Es la magia de hacer que parezca fácil lo difícil, obvio lo enrevesado e instantáneo lo continúo. Como la fingida espontaneidad del comercial que entrena todos los días para ello.
Y sobre todo, como aquel flameado exhibicionista con sus llamas azuladas del que sólo recordamos la chispa que lo encendió pero no el alcohol que habíamos depositado.
Y mi chispa definitiva (después de haber acercado el mechero un par de veces) fue ese momento impregnado de ruidos poco armónicos.
Gracias a los que aplaudieron a pesar de ver que las cartas estaban marcadas. Gracias a los que vieron el escenario desde diferentes ángulos y aportaron su "da igual tu sigue que casi no se nota que está sujeto por un hilo". Gracias también porque fueron los mismos que me advirtieron que todavía el show no estaba listo para presentarse. Y un gracias mayor a los que me consideran "maga" aunque se sepan todos los trucos. Fueron el alcohol...
Hoy me da igual, aunque todo me importe. Hoy me siento un poco más sabia y con algún remiendo. Hoy las botas son de tela para lavarlas cuando se manchen.
Quizá hasta me atreva a ponerme el título de ganadora pues me quedé con algún arte que no puedo dejar de mirar y además corté las malas hierbas. Y aquellos por fin tendrán tanta razón que ya no les oiré.
Es increíble, la energía que le reportan a mis pies los vuelcos del corazón. Tanto que devolví los billetes al infierno.
También vi que hay payasos que no tienen gracia y dan miedo sin ser asesinos y hay asesinos que se disfrazan de payasos sólo por engañar a los jueces terrenales y esconderse entre la multitud. Éstos últimos, cuando pillas los chistes son los que más te hacen reír.
Que grande es poder reírse de la ingenuidad propia y dormir el cansancio de haber sido siempre yo misma. Lo siento amor, pero la fidelidad que más me satisface es la fidelidad a mi misma. No es lo mismo que no equivocarse nunca, es más parecido a disfrutar de una confianza ciega.
El penúltimo brindis, es por aquellos que se salvan de la quema, aquellos que hacen más daño del que saben sólo por las circunstancias que viven. Y el último brindis es por aquellos que sólo quisieron hacer daño por hacer daño, por el odio, el rencor o los complejos, pero sólo dejaron un poco de sabiduría y un palco preferente para mejores ocupantes. Al final, son de los que más cosas buenas me llevé sin dejar nada a cambio.
Pero si hoy viniese el ilusionista más experimentado sólo apreciaría un gesto de resignación por no haber logrado transmitir la esencia de su arte. La esencia reside en saber que detrás de toda magia sólo hay truco. Un truco de mayor trabajo cuanto más impresionante es el contenido de la chistera.
Es como aquella gimnasta artística que hace figuras casi imposibles con una sonrisa en la cara, escondiendo cualquier atisbo de sufrimiento. Como los bailarines ejecutando "portés" con la misma ligereza con la que los demás caminamos.
Es la magia de hacer que parezca fácil lo difícil, obvio lo enrevesado e instantáneo lo continúo. Como la fingida espontaneidad del comercial que entrena todos los días para ello.
Y sobre todo, como aquel flameado exhibicionista con sus llamas azuladas del que sólo recordamos la chispa que lo encendió pero no el alcohol que habíamos depositado.
Y mi chispa definitiva (después de haber acercado el mechero un par de veces) fue ese momento impregnado de ruidos poco armónicos.
Gracias a los que aplaudieron a pesar de ver que las cartas estaban marcadas. Gracias a los que vieron el escenario desde diferentes ángulos y aportaron su "da igual tu sigue que casi no se nota que está sujeto por un hilo". Gracias también porque fueron los mismos que me advirtieron que todavía el show no estaba listo para presentarse. Y un gracias mayor a los que me consideran "maga" aunque se sepan todos los trucos. Fueron el alcohol...
Hoy me da igual, aunque todo me importe. Hoy me siento un poco más sabia y con algún remiendo. Hoy las botas son de tela para lavarlas cuando se manchen.
Quizá hasta me atreva a ponerme el título de ganadora pues me quedé con algún arte que no puedo dejar de mirar y además corté las malas hierbas. Y aquellos por fin tendrán tanta razón que ya no les oiré.
Es increíble, la energía que le reportan a mis pies los vuelcos del corazón. Tanto que devolví los billetes al infierno.
También vi que hay payasos que no tienen gracia y dan miedo sin ser asesinos y hay asesinos que se disfrazan de payasos sólo por engañar a los jueces terrenales y esconderse entre la multitud. Éstos últimos, cuando pillas los chistes son los que más te hacen reír.
Que grande es poder reírse de la ingenuidad propia y dormir el cansancio de haber sido siempre yo misma. Lo siento amor, pero la fidelidad que más me satisface es la fidelidad a mi misma. No es lo mismo que no equivocarse nunca, es más parecido a disfrutar de una confianza ciega.
El penúltimo brindis, es por aquellos que se salvan de la quema, aquellos que hacen más daño del que saben sólo por las circunstancias que viven. Y el último brindis es por aquellos que sólo quisieron hacer daño por hacer daño, por el odio, el rencor o los complejos, pero sólo dejaron un poco de sabiduría y un palco preferente para mejores ocupantes. Al final, son de los que más cosas buenas me llevé sin dejar nada a cambio.
lunes, 26 de noviembre de 2012
El amor
Deseamos continuamente que nos amen, anhelamos sentirnos queridos por los que nos rodean. Tan maravilloso es que nos quieran que tenemos por afortunados a aquellos que son amados.
Sin embargo, hay un amor más importante, un amor que te puede llevar a la locura o que te puede dar la vida. En ocasiones, nos resulta ingrato y nos hace sufrir. Miente quien niegue haber deseado un poco menos de este amor. Y aún así, es la esencia.
No es diferente al que buscamos, sólo es contrario en dirección. Se trata de el amor que sentimos nosotros. No lo valoramos suficiente porque nos resulta intrínseco, del mismo modo que para la mayoría pasan desapercibidos los brazos, pero me atrevería a decir que resulta vital. De hecho, nunca me he sentido tan viva como cuando he sido consciente de que amaba, sufriese o fuese correspondida.
Sólo son que tienen un alma grande son capaces de amar, y hay que ser realmente valiente para, además, reconocerlo.
Y como yo, aquellos que son capaces de amar se superan a si mismos sólo por amor. Llevo meses pensando, que creo en el amor y en su belleza gracias a aquel que se "sacrifica" cuidando a los demás. Me equivocaba, la fuerza del amor está en el que ama. Para el que ama realmente le sirve de motor. El anhelo de lo que se ama se traduce en una espera que constituye la esperanza de vivir.
Hoy, cansada, no estoy muy fina con las letras, pero es una idea que necesitaba plasmar, quizá otro día lo ponga "bonito". En resumen, sólo quería decir que GRACIAS, GRACIAS por quererle, por amarle y por seguir haciéndolo. GRACIAS por esperarle todos los días y por pensar en él. GRACIAS por necesitarle y no querer alejarte. El te ama, y te cuida pero en el fondo sé que lo que hoy te da la vida es amarle tú y no que el te ame. Ámale siempre que no quiero perderte.
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