domingo, 13 de marzo de 2016
miércoles, 9 de marzo de 2016
Cuando no puedas hablarme
Yo me convertí en el objeto inamovible que una fuerza imparable saca de su sitio. Puede que entonces trates de buscarme para ocupar un hueco inerte en la estantería de tu destino. Si eso ocurre, será que por fin has comprendido la adivinanza que se planteó en nuestro camino.
También puede que aún con noches en vela, no te consiga mover del sitio. Que la comodidad sea mayor que la pena. Que la pena no exista más allá de una empatia de especie. Entonces, me habré ido engañada rezando un falso credo.
Ojalá el tiempo y el espacio no sea un enemigo de mi causa. Causa que ya no busca su aliado, causa que aceptó luchar sola. Ojalá las nubes oscuras no sean suficiente velo ni los truenos y relámpagos no ensordezcan tu alma. Ojalá seas capaz de ver, a pesar de todo, el valor de aquel tesoro que enterraste. Aunque no lo desempolves y olvides que existe. Aunque no lo quieras ni lo necesites más. Ojalá consigas estimar bien su precio, porque un tesoro desvalorado, deja de ser tesoro y se convierte en chatarra. No quiero abandonar el juego con un pecho repleto de chatarra.
Y si la incertidumbre de tanta duda no te alienta, la verdad es que cuando ya no puedas, no habrá titubeos. Simplemente, no podrás hacer nada. Bajo la tierra, yacerá, inmutable, la chatarra o el precioso y fabuloso tesoro.
viernes, 4 de marzo de 2016
La decisión
Llevaba bastante tiempo pensándolo pero nunca me atrevía a dar el paso. Me parecía una decisión demasiado drástica y que traería muchas consecuencias. Sin embargo, los últimos días mi paciencia se fue agotando y decidí arriesgarme. Ser oveja saltarina de vayas en la cabeza de un predurmiente es una responsabilidad muy grande. Yo había tenido la mala suerte de trabajar para una chica que se dormía enseguida. La mitad de los días me quedaba fuera, sin saltar la vaya. ¡Que pérdida de tiempo tan grande! Sentía que estaba malgastando mi vida. Por eso, ayer decidí escaparme en busca de un insomne que me hiciera saltar vayas.
jueves, 3 de marzo de 2016
La oveja número cuatro
De nuevo, salta la oveja número uno, después la oveja número dos, le sigue la oveja número tres y...la número cinco grita espantada porque la oveja número cuatro se ha perdido. Nadie sabía dónde había ido ni cuándo había desaparecido. El problema de no saber dónde se hallaba la oveja número cuatro es que todas las ovejas habían parado de saltar la vaya en la cabeza de ella. Si no reanudaban la marcha, ella no podría dormir. ¿Pero cómo reanudar la marcha si se había perdido un miembro del rebaño? Había que encontrarla lo antes posible.
El problema es que este rebaño de ovejas era un poco vago, y decidieron esperar a la próxima noche para buscar a la oveja perdida. Dejaron así a su bella durmiente en vela, tratando de imaginar dónde habría ido la oveja número cuatro y que divertidas aventuras estaría viviendo.
martes, 1 de marzo de 2016
La seta
Esta es la historia de una seta aburrida. Aburrida, triste y solitaria se la describía en todos los cuentos inventados para sapos. Sin embargo, estos sapos con ojos enormes no eran capaces de ver más allá de lo visible. Lo visible era que había una única seta alrededor de la charca, que de vez en cuando le salían lágrimas y que no hacía nada en todo el día.
Estos acontecimientos divertían mucho a nuestra señora seta. Lo cierto es que ella jamás lloraba, era el rocío del amanecer las gotas transparentes que recubrían su rostro. De hecho, estas gotas la impregnaban de un frescor tan vigorizante que le hacían sentirse invencible ante cualquier viento e, incluso, animal. Ilusamente, ella pensaba que sus esfuerzos mentales por alejar las bocas de su ser daban resultado. Y, cierto es, que de momento, nadie se atrevió a pegarla bocado, pero poco tenía que ver con su habilidad telequinésica. En cuanto a la tristeza que se le atribuía, estaba bastante lejos de ser cierta. ¿Quién no sería feliz respirando siempre aire puro, creyendo que tiene superpoderes y sin tener que mover un dedo para nada? Los estúpidos sapos, por supuesto.
A tal punto llegaba la ignorancia de estos amigos anfibios, que un día uno se acercó con buenas intenciones a la señora seta. Intentó dialogar con ella para hacerle más entretenida la mañana. Sin embargo, los hongos no dan mucha conversación, por lo que el sapito acabó aburrido y la seta apenas se inmutó. Antes de irse, el sapo incurrió en una última provocación y le dijo a la seta, mientras le sacaba la lengua: "Aaaumm", "Aaaaumm" y se fue. Este disparatado suceso, causó gran regocigo en la seta que decidió plasmarlo en su memoria con la siguiente canción: "Aaaaumm me dijo un sapito, aaaaumm me dijo un sapito...dos sapitos hacen um aum aum".
lunes, 29 de febrero de 2016
29 de febrero
La noche estaba iluminada por multitud de estrellas sonrientes. Era una noche especial y, como todo lo excepcional, esquiva. Por eso, no se repetía con frecuencia. De hecho, tan sólo se asomaba cada cuatro años. Iba juntando los restos que le sobran a cada año para después transformarlo en una noche brillante. Brillante pero no como el arroz, que no se pasa, la noche del 29 de febrero se pasa dejando tras de sí un mesecillo loco.
Las cigüeñas se han hecho con los tejados y escuchan los encargos de mediados de mes. Es bonito empezar superar la cuesta de enero celebrando la versión comercial de cupido. Es bonito encontrar corazones que se refugian en ese recuerdo para reír en los días grises. Será por eso que febrero es el loco, porque el amor nunca tuvo cordura, porque es el único que cuenta con un día que baila.
Sin embargo, situarnos en la ultimísima noche de febrero no debe desilusionarnos, pues marzo trae vientos frescos de esperanza y felicidad.
domingo, 28 de febrero de 2016
El cuento feo
Érase una vez un cuento feo. Nadie sabe quien lo escribió ni si era ficción o realidad. Érase se una vez unas letras oscuras que navegaban entre las mentes más llenas de vida. Se alojaban disimuladamente entre las rocas del subconsciente y emergían cada noche provocando marejadas y tempestades.
Este cuento feo, lleno de letras oscuras, se creía invencible e inmortal. Se jactaba de su poder machacando realidades repletas de felicidad. Sin embargo, había alguien que no se daba por vencida. Una mujer seria, muy seria, muy muy seria, realmente seria, capaz de decir tres veces seguidas y sin reírse "pío, pío pajarito, pío,pío pajarito". Esta mujer, que además era un poco creída, pero porque podía, decidió plantar cara al cuento feo, tan feo que era horrendo.
Su estrategia fue seguir la sabiduría popular y, ya que no podía con el enemigo, se unió a él. Por eso, y porque siempre le habían llamado la atención los feos(con alguna excepción), decidió seducir al cuento feo. Fueron unos meses muy duros, disimulando insultos como si fueran piropos. Al final, consiguió enamorar por completo al cuento feo. De este modo, le tenía controlado, ya que le pedía de forma sugerente que no molestase a nadie. Se lo quedaba sólo para ella, protegiendo y cuidando al resto de personas con mentes llenas de vida.
Y, así fue, cómo poco a poco, el horrible cuento de letras oscuras fue alejándose de las gentes y dejó de molestar e incordiar las noches de la gente de bien.