Camisetas geniales!!!

"Nos han enseñado a tener miedo a la libertad; miedo a tomar decisiones, miedo a la soledad. El miedo a la soledad es un gran impedimento en la construcción de la autonomía". (Marcela Lagarde)

domingo, 9 de agosto de 2015

Vuelves

Hoy no soy persona y no soy persona por ti. Tú cobras vida y yo la pierdo, tú apareces y yo me desvanezco. Amante obsesionado que apareces al anochecer aporreando los cristales de mi balcón. Para cantarme una sonata que mantengo encerrada bajo llave en la memoria. Vuelves con nuestra canción, a recordarme las noches arropada a tu lado y los días cargados de tu olor. Vuelves aunque no esté dispuesta a abrirte la ventana. Caminas hacia mi entonando una melodía maldita que no logro desprender de mis oídos. Me embrujas con tu canto paralizando mis músculos y agitando mis huesos, provocando una guerra inmóvil. Mi sangre se olvidó de su cometido y baila siguiendo tu compás.

A ratos, yo consigo olvidarte y me ilusiono con la idea de que tú también me has olvidado. Sin embargo, nunca sabré quien de los dos tiene más memoria. Si de tanto huirte, a veces te persigo. Si tu también huyes, pero tropiezas. Desde el suelo me levanto agarrándome al sol para robarle la fuerza que necesito para alejarte de una patada. Y lo consigo, y te alejo. Y me dejas espacio y yo creo que te has ido. Y yo me pongo manos a la obra. Voy construyendo poco a poco los pilares de mi existencia. Las columnas de una vida sin ti. Sin embargo, como si de papel se tratase, los días de tormenta me mojo. Y al hediondo olor de la humedad apareces entre las sombras. Y al verte, mi mundo entero se derrumba. Te quedas mirando como he quedado atrapada entre mis propios escombros. Disfrutas contemplando el espectáculo gris que se produce. Disfrutas con la sequedad de mi boca tras las horas de insomnio. Disfrutas con la angustia que desprende un corazón que se ahoga. Y esa felicidad te va haciendo grande, y a mi pequeña. Vas creciendo para taparme el sol. Y a oscuras tanteo una salida que no encuentro y me pregunto si mi destino es estar por siempre unida a ti. Y me hago la sorda porque temo oír la respuesta. Y entonces empiezo a no querer un destino.

Sin embargo, mi soberbia me impide abandonar la partida antes que tú. Y saco los ases que guardé bajo la manga. Anudando el estómago y dejando un "all-in" sobre el tapete ensangrentado. Y aunque el humo emborrona tu salida, ya no estás. Me levanto de la mesa recogiendo los únicos jirones que he logrado salvar de mi piel. Emprendo el camino de vuelta a casa. Me llevará unos meses volver a dormir bajo techo, y que las paredes me protejan de los vientos. Pero consigo una vez más, levantar un refugio.

Y vuelves, y retornas, y me encuentras, y no escapo, y me atrapas. Y vuelves, y traes nuevos trucos. Y me embaucas. Y vuelves. Y te echo. Te echo. Te logro echar. Pero te llevas una parte de mí en cada huida. Esa parte que reconozco. Esa parte que me identifica. Esa parte que dibuja concavidades en mi rostro. Te escapas en el momento exacto en el que estoy dejando de agonizar. Me llevas a la puerta del infierno y me abandonas. Deshago el camino y vuelvo a la superficie. Con menos cuerpo. Con menos calma. Con menos alma. Sin fuerzas y sin aliento, pero con memoria.

Y esta vez te gano con un órdago. Y te pierdes. Y me olvidas. Y te olvido. Y no te olvido. Y sigues conmigo aunque no te vea. Y no sé donde te escondes. Y te siento. Y te ignoro.

Y te haces visible. De nuevo. Vuelven a sonar las notas que siempre te acompañan. Silvas la canción que me enamoró de ti. Vuelvo a notar tu respiración y se me vuelve a erizar la piel. Regresas a beberte hasta el penúltimo sorbo de mi aliento. El último sorbo es el que soporta todo el sufrimiento de volver a verte. Una exhalación tan pequeña que es inaudible. Una exhalación que debo inhalar para empezar de nuevo. Una inhalación que asume que volverás.

sábado, 27 de junio de 2015

Bienvenidos

Dicen que las desgracias nunca vienen solas; que cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pongas las tuyas a remojar; que los más desgraciados son los que lloran menos. Sin embargo, no ha venido sola y es una bendición y la falta de lagrimas era por la inundación de alegría. Y la presencia de ellas, si hubo, también. Aunque si es cierto que el vecino lleva poco más de tres meses afeitado.

La cuestión es que el frío se ha ido yendo para dejar paso a un par de soles que se hicieron querer incluso antes de aparecer. Ahora brilla en lo alto el calor de trascender un poco más allá de la propia vida. Ahora los enanos pasan a ser gigantes con juguetes nuevos. Juguetes no por no tomar en serio, si no por que nos devuelven la ilusión que practican los niños. Porque aunque tengan una explicación científico-lógica, preferimos olvidarla para envolvernos en una magia que hace arder el corazón. Una alegría y emoción inocente que no es sugestionable, ni comercializada, ni interesada. Reflejada en el brillo de los ojos de ellas, de ellos, de vosotros y de nosotros.

Un sentimiento sincero que arranca las ganas de cuidar, mimar y enseñar. Durante nueves meses nuestras manos no alcanzaron a tocaros, pero una vez que os sostuvimos en brazos fue inevitable que necesitáramos baberos. Siempre diré que es para que no os acomplejéis por usarlos vosotros. En el futuro, tendréis un reportaje entero para que os avergoncemos delante de vuestros amigos. Sin embargo, los píxeles no saben explicar que quiero mostraros la ventana del mundo a la que llego, y que gracias a todos podáis coleccionar muchas ventanas y puertas. No saben explicar tampoco, que queremos ser el apoyo de vuestros padres y, de vez en cuando, su peor pesadilla al consentiros demasiado. Seremos la alternativa adulta a vuestros padres cuando os toque revelaros. Unos ojos fuera de vuestra casa que estarán muy atentos para veros crecer. Unas manos que quieren construir un poquito de vuestro mundo y hacerse en un hueco en ese corazón tierno e inocente al que iréis dando forma. En mi corazón ya tenéis zona VIP. Bienvenidos.

Una vez más, la felicidad está en las cosas pequeñas, Rubén y Leyre. Espero que seáis muy grandes.

miércoles, 17 de junio de 2015

Desaparece

Aunque ocurrió despacio y la transformación fue lenta, tardé demasiado en darme cuenta. Al principio, tan solo desaparecían temporalmente. Poco a poco fui viendo como mi cuerpo desaparecía de forma permanente. Poco a poco él veía como yo le ignoraba. Y un día me di cuenta de que algunos dedos habían desaparecido. Estuve mucho tiempo esperando, hasta que, por fin, comprendí que era irremediable. Estaba desapareciendo. No me estaba volviendo invisible, no. Desaparecía de verdad. Mi cuerpo se caía a cachos y el rastro que dejaba era tan sólo vacío. Eran mutilaciones sigilosas que no dejaban huellas.  Pero empecé a reaccionar, sustituyendo los huecos donde deberían estar mis órganos por prótesis físicamente idénticas. Nadie notaba la estafa, nadie advertía aquella trampa.

Ahora comienza el proceso más doloroso. Son los órganos internos los que abandonan este cuerpo postizo. Una armadura perfectamente lograda que se está pudriendo por dentro. Noto como las tripas se van deshaciendo y el edor alcanza la nariz de juguete que me permite no vivir como un mounstruo. ¿De dónde saco voz para gritar? Si mis pulmones tan sólo albergan los escombros de unas costillas derrumbadas a machetazos. El oxígeno ya no encuentra lugar en este cuerpo tan artificial que solo sabe emitir chirridos espeluznantes.

El problema es que algunos órganos no se pueden emular. El problema es que siempre quedarán jirones que recuerden la tragedia. Rotos que no sirven nada más que para malcomparar y darse cuenta de lo mal que huele el plástico recalentado. Trapajos que como si tuvieran vida propia, se agrupan formando una estaca clavada en lo más profundo del dolor. Incisivamente va hundiendose, rasgando las paredes de un agujero que se agranda con los años. El problema es que no se cual es el problema. El problema es que no puedo recuperar ni la piel, ni los huesos, ni los músculos que perdí. El problema no existe, tan sólo es una maqueta.

sábado, 9 de mayo de 2015

Tengo un corazón

Tengo un corazón anestesiado que va destrozando los muebles a golpe de taquicardia. Hace tiempo que decidí liberarle de la cárcel que formaba mis costillas. Duerme debajo de mi colchón porque a veces echa de menos la oscuridad que hay en el interior del cuerpo humano. El muy desagradecido está empezando a abusar. Ya ha compuesto la decoración imposible de mi cuarto. Se olvida de que las personas sin corazón somos un poco menos pacientes que el resto y no podemos perder el tiempo. El parece divertise dejando que el tiempo vaya dejando pelusas bajo mi silla. Después organiza una fiesta invitando a cualquier objeto que se haya perdido por el encima del escritorio. Reivindica su espacio a gritos cuando a mí me duele la cabeza. Es su mejor estrategia, pues yo me acuesto por no oírle y el voltea mis pantalones sobre los pies de mi cama. A veces, cuando tiene frío hace una hoguera con papeles.

Tengo un corazón que se cabrea cuando duermo, y me pellizca las mejillas esperando que le organice algún juego divertido. A menudo, se olvida de acompañarme cuando llueve y se queda en casa cuando hace sol. Le encanta que le cuente las historias que vi en el metro y de vez en cuando, baila conmigo. Es caprichoso y testarudo. Me saca de mis casillas y me impide trabajar cuando está cansado. Cuando acaba de despertarse tan sólo quiere jugar y cuando está triste abusa del gimnasio.

Cuento de Navidad

Ella fue el amor de mi vida. Miento. Ella sigue siendo el amor de mi vida. Ella era perfecta. Estoy segura de que podría hacerla la mujer más feliz del mundo. Aunque tenía un gran defecto. Pensaba demasiado, se dejaba guiar demasiado por la razón. Y por las apariencias. Y por lo que dijese la gente. Ahora sigue siendo perfecta, pero ya no la reconozco. Desde hace un tiempo, sus gestos se han tornado de otro color y sus acciones se salen de toda norma establecida anteriormente. No entiendo cómo ha podido transformar tanto el mundo en tampoco tiempo. Yo haría cualquier cosa por ella. Daría mi vida. Sería capaz de todo por estar a su lado. Ella me da vida. Sin ella soy menos guapa. Es tonta porque no se da cuenta de que nadie la va a querer como yo. Y acto seguido, un fuego recorre el universo encerrado bajo mi piel, reflejando la rabia que alberga. A veces, defendería hasta el infinito que ella me amó. Otras, tan sólo siento que jugó conmigo. No fui yo. Fue ella quien jugó conmigo. Yo he cometido muchos errores, pero ella me ha hecho sufrir muchísimo. Alguien que te quiere no te hace llorar. Alguien que te quiere no te traiciona. Alguien que te quiere no deja de quererte enseguida. Ni te sustituye por la primera persona que encuentra. Ni se olvida de ti. Ella me quería solo a veces. Esas veces en las que el mundo no existía. Esas veces en las que yo lograba despistar a su enorme cabezón y se dejaba llevar. Y entonces, ella me amaba con locura y era capaz de envolverme en una nube de magia intensa. En esos momentos, ella y yo eramos inmensamente felices. Yo siempre fui una idiota. Supongo que todos cuando amamos nos volvemos idiotas. Siempre fui detrás. Ella me echaba de su lado una y otra vez. Alguien que te quiere de verdad no te aleja. Alguien que te quiere de verdad no te hace sentir como si fueses lo peor. Pero me encantaba como me cuidaba, me dio todo lo que el mundo se olvidó de repartirme. Ella me cuidaba, me protegía, me enseñaba y me daba cariño. Alguien que no te quiere de verdad, no se desvive por ti así. Nunca llegué a ser capaz de entenderla, ni de comprender lo que pensaba. Me conformé con saber actuar en cada momento, con sacarle una sonrisa cuando lo necesitaba (me encanta su sonrisa). Siempre he tenido miedo a que me abandonase, a que me dejase como un perro tirado en una cuneta. Una vez, se cambiaron las tornas. Sin embargo, no duró mucho. Ella destruyó todo a su paso y se fue. Dejó vacío y dejó dudas. Dejó rencores. Ella me pide tiempo, distancia y que sea feliz. Una vez más, vuelve a jugar conmigo y tiene que ser lo que ella quiere.


Ella está increíblemente buena. Para mí el físico no es lo más importante, pero cuando sólo buscas sexo, viene bastante bien. Yo andaba dibujando círculos de colores entorno a mi ombligo. Concentrada en pasar por aquellas líneas concéntricas las decisiones que me atañían. Aunque no era la única parte a la que quería prestar atención. Ella vino para emborronar todas esas líneas entre sudores. Ella tan sólo podría existir momentáneamente. Yo la ayudaría a olvidar, o a recordar, o a aprender. Ella es guapa y estaba entre mis sábanas. Ella fue dejando su perfume en mi vida, sin yo darme cuenta, sin yo permitírselo. Ella no encajaba en mis esquemas. Ella no estaba en los libros de experiencia que había ido construyendo. Ella me fue dando cada vez un poquito más de miedo. Ella es lo que me había cansado de buscar. Ella potencia mis sonrisas. Me estoy acostumbrando a ella, aunque a veces, ella desaparece dejando una bomba de humo. Ella me lleva por caminos nuevos en senderos que yo ya visité. A veces, pienso que es demasiado libre e independiente. Otras veces, tengo la sensación de que viene atada a un equipaje demasiado pesado. A veces me entran ganas de correr y huir. Otras, de correr a sus brazos para no soltarme jamás. Yo podría cuidarla, y me encantaría mimarla como hago con mi gente. Pero, ella, por llevar la contraría, no siempre me deja.


Ella viaja a un ritmo desconocido. Desacompasado y sin armonía. El volumen varía según el momento del día. Ella se ha quitado unos cuantos kilos de encima y se ha vuelto un poco más ágil. Ella ha bajado un poco la mirada y ya no se dirige al horizonte. Ella no va a deshacer el camino, aunque sabe perfectamente por dónde a venido. Ella a veces no avanza. Ella a veces corre. Ella lleva una pistola en el bolso que no va cargada. Ella carga el pesado metal bajo sus talones. A ella, a veces se le olvida su idioma, y sólo sabe palabras de un lenguaje que nadie más conoce. Ella no sabe conjurar frases con sentido. Sin embargo, ella sabe decorar con las manos los espacios. Ella piensa que las palabras mienten y que la piel siempre es sincera. Ella está tan acostumbrada a los cuentos de ficción que no utiliza relatos para la vida real. Ella ahora es feliz aunque no estaba en sus planes. Ella no entiende que nadie vea el negro de sus claros. Ella se cansó de las urbanizaciones. Ella se está reconciliando con una vieja amistad. Ella simplemente, está viviendo.


...puede que encontremos villancicos en primavera...








viernes, 20 de marzo de 2015

Aprendí a sobrevivir hace ya muchos años, cuando las aves carroñeras sobrevolaban mi cabellera. Y lo que no aprendí de supervivencia, estoy segura de que llegado el momento, conseguiré saber. Es por eso, que aunque me veas sangrando, o respirando con dificultad, no quiero que muevas ni un sólo músculo hacia la dirección que lleva a ayudarme. Al final, mi supervivencia es asunto mío, una obligación inscrita a fuego al nacer.

Sin embargo, no se me da del todo bien vivir. No sé me da del todo bien sentir más allá del frío, el hambre y el sueño. A veces, incluso me cuesta discernir si lo que estoy sintiendo es dolor, una pesadilla o una mente enferma. Se me da tremendamente mal sentirme viva, y averiguar si estoy despierta, dormida o moribunda. No logré graduarme en la escuela de las atracciones de feria de mi barrio. Desconozco lo que es subirse a la noria o ser víctima de la bruja del tren. No diré que no a quien me muestre como comprar los tickets, siempre que esté dispuesto a montar conmigo en el gusano loco.

Miento

Miento. Miento porque se me da bien. Miento porque es difícil que me descubran. Miento a menudo. Miento casi en cada oportunidad. Miento, pero no como todos los demás. Yo miento por placer. Me regodeo en la mentira, la exagero, la doy forma e incluso la decoro. Yo miento, sabiendo que miento. Y miento más sin darme cuenta. Miento cuando corro y no me canso. Cuando me salto las paradas para repostar. Cuando al caerme me levanto sin haberme hecho un rasguño. Cuando soy la última en cerrar los ojos. Miento incluso cuando quiero seguir andando.

No es energía infinita lo que tengo, es adrenalina. La adrenalina que produce el miedo. Miedo a parar. Miedo a mirar. Miedo a verme. Por eso huyo de la quietud. Por eso invento un nuevo recorrido en cada paso. Intentando dar esquinazo a esa voz interior que no es mía. Evitando detenerme por si la sombra de la realidad me alcanza. Levito creyendo que por eso desaparece el suelo.

Sin embargo, también soy honesta. Soy honesta porque envuelvo a quien me encuentro en mi giro eterno. Porque hago que el mundo crea en lo que yo creo. Porque respeto las mentiras y verdades que me encuentro decorando la ciudad. Porque sonrío a lo que veo y a lo que no veo. Porque esa sonrisa no es mentira. Porque sus antónimas tampoco son mentiras. Porque tan sólo truco el ritmo.

Puede que no esté avanzando, ni haciendo camino, puede que tan sólo esté huyendo. Pero huyo siendo yo misma.