domingo, 9 de agosto de 2015
Vuelves
A ratos, yo consigo olvidarte y me ilusiono con la idea de que tú también me has olvidado. Sin embargo, nunca sabré quien de los dos tiene más memoria. Si de tanto huirte, a veces te persigo. Si tu también huyes, pero tropiezas. Desde el suelo me levanto agarrándome al sol para robarle la fuerza que necesito para alejarte de una patada. Y lo consigo, y te alejo. Y me dejas espacio y yo creo que te has ido. Y yo me pongo manos a la obra. Voy construyendo poco a poco los pilares de mi existencia. Las columnas de una vida sin ti. Sin embargo, como si de papel se tratase, los días de tormenta me mojo. Y al hediondo olor de la humedad apareces entre las sombras. Y al verte, mi mundo entero se derrumba. Te quedas mirando como he quedado atrapada entre mis propios escombros. Disfrutas contemplando el espectáculo gris que se produce. Disfrutas con la sequedad de mi boca tras las horas de insomnio. Disfrutas con la angustia que desprende un corazón que se ahoga. Y esa felicidad te va haciendo grande, y a mi pequeña. Vas creciendo para taparme el sol. Y a oscuras tanteo una salida que no encuentro y me pregunto si mi destino es estar por siempre unida a ti. Y me hago la sorda porque temo oír la respuesta. Y entonces empiezo a no querer un destino.
Sin embargo, mi soberbia me impide abandonar la partida antes que tú. Y saco los ases que guardé bajo la manga. Anudando el estómago y dejando un "all-in" sobre el tapete ensangrentado. Y aunque el humo emborrona tu salida, ya no estás. Me levanto de la mesa recogiendo los únicos jirones que he logrado salvar de mi piel. Emprendo el camino de vuelta a casa. Me llevará unos meses volver a dormir bajo techo, y que las paredes me protejan de los vientos. Pero consigo una vez más, levantar un refugio.
Y vuelves, y retornas, y me encuentras, y no escapo, y me atrapas. Y vuelves, y traes nuevos trucos. Y me embaucas. Y vuelves. Y te echo. Te echo. Te logro echar. Pero te llevas una parte de mí en cada huida. Esa parte que reconozco. Esa parte que me identifica. Esa parte que dibuja concavidades en mi rostro. Te escapas en el momento exacto en el que estoy dejando de agonizar. Me llevas a la puerta del infierno y me abandonas. Deshago el camino y vuelvo a la superficie. Con menos cuerpo. Con menos calma. Con menos alma. Sin fuerzas y sin aliento, pero con memoria.
Y esta vez te gano con un órdago. Y te pierdes. Y me olvidas. Y te olvido. Y no te olvido. Y sigues conmigo aunque no te vea. Y no sé donde te escondes. Y te siento. Y te ignoro.
Y te haces visible. De nuevo. Vuelven a sonar las notas que siempre te acompañan. Silvas la canción que me enamoró de ti. Vuelvo a notar tu respiración y se me vuelve a erizar la piel. Regresas a beberte hasta el penúltimo sorbo de mi aliento. El último sorbo es el que soporta todo el sufrimiento de volver a verte. Una exhalación tan pequeña que es inaudible. Una exhalación que debo inhalar para empezar de nuevo. Una inhalación que asume que volverás.
sábado, 27 de junio de 2015
Bienvenidos
La cuestión es que el frío se ha ido yendo para dejar paso a un par de soles que se hicieron querer incluso antes de aparecer. Ahora brilla en lo alto el calor de trascender un poco más allá de la propia vida. Ahora los enanos pasan a ser gigantes con juguetes nuevos. Juguetes no por no tomar en serio, si no por que nos devuelven la ilusión que practican los niños. Porque aunque tengan una explicación científico-lógica, preferimos olvidarla para envolvernos en una magia que hace arder el corazón. Una alegría y emoción inocente que no es sugestionable, ni comercializada, ni interesada. Reflejada en el brillo de los ojos de ellas, de ellos, de vosotros y de nosotros.
Un sentimiento sincero que arranca las ganas de cuidar, mimar y enseñar. Durante nueves meses nuestras manos no alcanzaron a tocaros, pero una vez que os sostuvimos en brazos fue inevitable que necesitáramos baberos. Siempre diré que es para que no os acomplejéis por usarlos vosotros. En el futuro, tendréis un reportaje entero para que os avergoncemos delante de vuestros amigos. Sin embargo, los píxeles no saben explicar que quiero mostraros la ventana del mundo a la que llego, y que gracias a todos podáis coleccionar muchas ventanas y puertas. No saben explicar tampoco, que queremos ser el apoyo de vuestros padres y, de vez en cuando, su peor pesadilla al consentiros demasiado. Seremos la alternativa adulta a vuestros padres cuando os toque revelaros. Unos ojos fuera de vuestra casa que estarán muy atentos para veros crecer. Unas manos que quieren construir un poquito de vuestro mundo y hacerse en un hueco en ese corazón tierno e inocente al que iréis dando forma. En mi corazón ya tenéis zona VIP. Bienvenidos.
Una vez más, la felicidad está en las cosas pequeñas, Rubén y Leyre. Espero que seáis muy grandes.
miércoles, 17 de junio de 2015
Desaparece
Aunque ocurrió despacio y la transformación fue lenta, tardé demasiado en darme cuenta. Al principio, tan solo desaparecían temporalmente. Poco a poco fui viendo como mi cuerpo desaparecía de forma permanente. Poco a poco él veía como yo le ignoraba. Y un día me di cuenta de que algunos dedos habían desaparecido. Estuve mucho tiempo esperando, hasta que, por fin, comprendí que era irremediable. Estaba desapareciendo. No me estaba volviendo invisible, no. Desaparecía de verdad. Mi cuerpo se caía a cachos y el rastro que dejaba era tan sólo vacío. Eran mutilaciones sigilosas que no dejaban huellas. Pero empecé a reaccionar, sustituyendo los huecos donde deberían estar mis órganos por prótesis físicamente idénticas. Nadie notaba la estafa, nadie advertía aquella trampa.
Ahora comienza el proceso más doloroso. Son los órganos internos los que abandonan este cuerpo postizo. Una armadura perfectamente lograda que se está pudriendo por dentro. Noto como las tripas se van deshaciendo y el edor alcanza la nariz de juguete que me permite no vivir como un mounstruo. ¿De dónde saco voz para gritar? Si mis pulmones tan sólo albergan los escombros de unas costillas derrumbadas a machetazos. El oxígeno ya no encuentra lugar en este cuerpo tan artificial que solo sabe emitir chirridos espeluznantes.
El problema es que algunos órganos no se pueden emular. El problema es que siempre quedarán jirones que recuerden la tragedia. Rotos que no sirven nada más que para malcomparar y darse cuenta de lo mal que huele el plástico recalentado. Trapajos que como si tuvieran vida propia, se agrupan formando una estaca clavada en lo más profundo del dolor. Incisivamente va hundiendose, rasgando las paredes de un agujero que se agranda con los años. El problema es que no se cual es el problema. El problema es que no puedo recuperar ni la piel, ni los huesos, ni los músculos que perdí. El problema no existe, tan sólo es una maqueta.
sábado, 9 de mayo de 2015
Tengo un corazón
Tengo un corazón que se cabrea cuando duermo, y me pellizca las mejillas esperando que le organice algún juego divertido. A menudo, se olvida de acompañarme cuando llueve y se queda en casa cuando hace sol. Le encanta que le cuente las historias que vi en el metro y de vez en cuando, baila conmigo. Es caprichoso y testarudo. Me saca de mis casillas y me impide trabajar cuando está cansado. Cuando acaba de despertarse tan sólo quiere jugar y cuando está triste abusa del gimnasio.
Cuento de Navidad
Ella está increíblemente buena. Para mí el físico no es lo más importante, pero cuando sólo buscas sexo, viene bastante bien. Yo andaba dibujando círculos de colores entorno a mi ombligo. Concentrada en pasar por aquellas líneas concéntricas las decisiones que me atañían. Aunque no era la única parte a la que quería prestar atención. Ella vino para emborronar todas esas líneas entre sudores. Ella tan sólo podría existir momentáneamente. Yo la ayudaría a olvidar, o a recordar, o a aprender. Ella es guapa y estaba entre mis sábanas. Ella fue dejando su perfume en mi vida, sin yo darme cuenta, sin yo permitírselo. Ella no encajaba en mis esquemas. Ella no estaba en los libros de experiencia que había ido construyendo. Ella me fue dando cada vez un poquito más de miedo. Ella es lo que me había cansado de buscar. Ella potencia mis sonrisas. Me estoy acostumbrando a ella, aunque a veces, ella desaparece dejando una bomba de humo. Ella me lleva por caminos nuevos en senderos que yo ya visité. A veces, pienso que es demasiado libre e independiente. Otras veces, tengo la sensación de que viene atada a un equipaje demasiado pesado. A veces me entran ganas de correr y huir. Otras, de correr a sus brazos para no soltarme jamás. Yo podría cuidarla, y me encantaría mimarla como hago con mi gente. Pero, ella, por llevar la contraría, no siempre me deja.
Ella viaja a un ritmo desconocido. Desacompasado y sin armonía. El volumen varía según el momento del día. Ella se ha quitado unos cuantos kilos de encima y se ha vuelto un poco más ágil. Ella ha bajado un poco la mirada y ya no se dirige al horizonte. Ella no va a deshacer el camino, aunque sabe perfectamente por dónde a venido. Ella a veces no avanza. Ella a veces corre. Ella lleva una pistola en el bolso que no va cargada. Ella carga el pesado metal bajo sus talones. A ella, a veces se le olvida su idioma, y sólo sabe palabras de un lenguaje que nadie más conoce. Ella no sabe conjurar frases con sentido. Sin embargo, ella sabe decorar con las manos los espacios. Ella piensa que las palabras mienten y que la piel siempre es sincera. Ella está tan acostumbrada a los cuentos de ficción que no utiliza relatos para la vida real. Ella ahora es feliz aunque no estaba en sus planes. Ella no entiende que nadie vea el negro de sus claros. Ella se cansó de las urbanizaciones. Ella se está reconciliando con una vieja amistad. Ella simplemente, está viviendo.
...puede que encontremos villancicos en primavera...
viernes, 20 de marzo de 2015
Sin embargo, no se me da del todo bien vivir. No sé me da del todo bien sentir más allá del frío, el hambre y el sueño. A veces, incluso me cuesta discernir si lo que estoy sintiendo es dolor, una pesadilla o una mente enferma. Se me da tremendamente mal sentirme viva, y averiguar si estoy despierta, dormida o moribunda. No logré graduarme en la escuela de las atracciones de feria de mi barrio. Desconozco lo que es subirse a la noria o ser víctima de la bruja del tren. No diré que no a quien me muestre como comprar los tickets, siempre que esté dispuesto a montar conmigo en el gusano loco.
Miento
No es energía infinita lo que tengo, es adrenalina. La adrenalina que produce el miedo. Miedo a parar. Miedo a mirar. Miedo a verme. Por eso huyo de la quietud. Por eso invento un nuevo recorrido en cada paso. Intentando dar esquinazo a esa voz interior que no es mía. Evitando detenerme por si la sombra de la realidad me alcanza. Levito creyendo que por eso desaparece el suelo.
Sin embargo, también soy honesta. Soy honesta porque envuelvo a quien me encuentro en mi giro eterno. Porque hago que el mundo crea en lo que yo creo. Porque respeto las mentiras y verdades que me encuentro decorando la ciudad. Porque sonrío a lo que veo y a lo que no veo. Porque esa sonrisa no es mentira. Porque sus antónimas tampoco son mentiras. Porque tan sólo truco el ritmo.
Puede que no esté avanzando, ni haciendo camino, puede que tan sólo esté huyendo. Pero huyo siendo yo misma.