Esa noche intenté dormir sola. En una cama pequeña para no extrañar. Era una cama que invitaba a quedarse. Debe ser por eso por lo que enseguida tuve compañía.
Era una compañía conocida, a la que antes no había prestado atención. Sin embargo, en mi cama se la veía mucho más resultona. Se hizo notar enseguida y de forma algo estruendosa. Los vecinos también sintieron la estrecha unión que formamos.
Aunque yo tenía sueño y debía dormir, quedé supeditada a sus deseos. Pronto la cama dejó de ser una suave cuna donde tener dulces sueños. Se convirtió en campo de batalla ardiente. Tanto ardió que se quedó pequeño, y ella y yo trasladamos nuestro concierto al sofá.
Cuando el sueño se apoderó, por fin, de nuestra música, volvimos al lecho inicial y dormimos.
lunes, 12 de octubre de 2015
Noche en compañía
domingo, 11 de octubre de 2015
Te no quiero
No te quiero porque mis miedos no se curan a base de abrazos. Que los abrazos no llegan a curarlo todo de una vez. Que los abrazos pueden subirte tan alto, que si te resbalas te haces añicos.
No te quiero, porque asumirlo implica dolerme con tus grietas y remendar tus rotos. No te quiero, porque tengo más arte rasgando que arreglando.
No te puedo querer porque aún me escuece su sal. No te puedo querer, porque no sé hacerlo a medias. Puedo dibujarte un corazón con las manos y colorearlo con los labios. Puedo disfrazarme de astro y que me mires desde abajo con la luz reflejada en tu rostro. Puedo dejar que me contemples desde arriba como si sobrevolases el mundo. Puedo construir la más maravillosa realidad a tu alrededor y enseñarte a jugar con mis inventos. Pero no puedo quererte.
No quiero que me falte el aire cuando lloras, que el peso del mundo se sitúe en mi pecho cuando mi improvisación no se ajuste al guión esperado. No quiero mirarte a los ojos y decirte que no me atrevo a saltar. No puedo firmar más lágrimas. Y yo no sé querer con ese amor que sólo provoca sonrisas.
Sin embargo, no me dejes de sonreír. No tardes más de la cuenta en llegar. Sin embargo, enciende la luz siempre que lo necesites. Desahógate. Abrígate que hace frío y vete al médico si algo no va bien. Cuéntame como te ha ido el día. Y si me dejas una nariz roja, me declaro clown en jornada ininterrumpida. Tan sólo pretendo que no creas que te quiero, que me falta algún tiempo en el gimnasio para poder coger el peso de no desilusionarte.
Podemos adornarlo, rellenando con un "NO" grande, o pequeño o de colorines. Podemos jugar a despistar a los fantasmas de la incertidumbre y cerrar los ojos antes de lanzar. Podemos plantar un árbol de "noes" que vayamos cogiendo a nuestro antojo. Podemos ignorar lo que estamos escondiendo, y seguir haciendo como que nos lo creemos. Puedo decir que si "te no quiero" no es porque tu lo digas a menudo. No es por el tacto de la "no ropa" ni por el calor de lo indecente. Si "te no quisiera" sería por esa manera de suspirar medio sonriendo cuando te desespero o no me entiendes. Sería cuando buscas un hueco para enredarte entre mi ropa sin quitármela. Sería por tu voz.
sábado, 10 de octubre de 2015
Mi preferido
Él no es el tipo más apuesto y atractivo del barrio. Ni siquiera el más fuerte o el más hábil. Él, aparentemente, es un tipo corriente. Sostiene una melena distinguida de color castaño claro. Lleva el pelo suelto, y lo suficientemente largo para poner una nota graciosa sobre su rostro. También es lo suficientemente corto para que el viento se enrede entre sus rizos sin despeinarle. Sus rizos son un anuncio de su personalidad. Los mantiene alegres y sin encorsetar bajo gomina o algún otro producto. Ni siquiera la propia naturaleza le puso un límite definido a su preciosa melena. Un par de mechones negros la hacen original y distinguida.
También tiene un par de cicatrices que le caracteriza dándole personalidad y distinguiéndolo de los demás.
Él tiene una forma de ser que enamora. No es adulador pero si atento. Siempre te saluda con una amplia sonrisa que te alegra el día. Quizá parte de su magia y su atractivo reside en que actúa como dueño de su destino. No obedece a tus ruegos cuando lo demandas, sino cuando él lo estima oportuno. Marca su camino en la dirección que más satisfacción le puede dar. Tiene un aire entre caradura y juguetón que no permite que te resistas a sus encantos.
Su único defecto es su mal genio. Es un mal genio particular que no aparece de forma impredecible. Es un mal genio que dura poco y no ataca. Pero es un mal genio que tensa y enloquece. Es rabia, ira y miedo traducido en agresividad y escándalo. Comprensible el fenómeno pero incómodo el momento. Él no se arrepiente ni modifica su conducta. Siempre se enajena y hacerle entrar en razón es una ardua tarea que no da frutos. Esperemos que el futuro le depare más tranquilidad.
A mí, desde luego, me tiene conquistada. A pesar de sus malos momentos, sabe compensar con su cariño incondicional, su mirada limpia y sus gestos sinceros. El brillo de sus ojos me proporciona vida. Sin embargo, después de casi cuatro años es el momento de asumir que nuestro amor es imposible. Él tiene su vida y yo la mía, y ambas, a partir de ahora, son incompatibles. Yo jamás le olvidaré y siempre será bien recibido. Y tengo la certeza de que él tampoco me olvidará pase el tiempo que pase. Ójala le vaya bonito, aunque no tengas mucha opción a decidir. Ójala las personas que entren en su vida le hagan bien. Ójala me perdone por "abandonarle" así... aunque en el fondo sé que está en buenas manos. Es mi preferido.
viernes, 9 de octubre de 2015
Me tienes hasta la punta del coño
"Me tienes hasta la punta del coño". Esa fue su última frase. O su penúltima. O quizá simplemente una de las últimas. Mi conmoción fue tal que no pude seguir consciente después de esas palabras.
Penetraron en mi cuerpo, calándome hasta los huesos. Se incrustó dentro de cada átomo que constituye este insignificante ser. La boca que un día me curó las heridas que deja el trasiego de la vida, esa misma boca, disparó sin compasión contra mi corazón. Se escudó bajo la ineludible verdad de que es su forma de actuar. Ineludible cuando no quiere conquistarte. Cuando no se siente sola. Cuando alguien le agarra de la mano.
Salió victoriosa en esa batalla porque ella no lloraba. Mantenía su fuerte en el hogar que acostumbra a desvalorar.
Yo, en cambio, era arropada por las miradas inquisidoras de la gente que merodeaba la zona. Fui la anécdota que contar al llegar a casa tras un aburrido día. El espectáculo consistía en mostrar la desesperación en forma de llanto desconsolado. El soliloquio venía gracias a la colaboración del apuntador. La voz en carne viva ponía sobre el escenario la parte más dramática. El discurso, sin embargo, apenas ya importaba. Tras el telón sólo se encontraba la explosión dañina de la rabia.
El apuntador se mostraba impasible ante las lágrimas derramadas por el público y por los propios actores. En su mente únicamente albergaba un ego desmesurado cuyo objetivo principal era terminar la obra. Lo que no sabía este apuntador, que a su vez había sido escritor y director, es que esta sería su última obra. No fue consciente de que al pronunciar algo tan soez como "Me tienes hasta la punta del coño" estaba decapitando su gira. En ese preciso momento, el teatro se incendió y los periódicos divulgaron el nefasto desarrollo de la obra. Nadie nunca quiso más volver a verla. Ningún actor volvió a estar dispuesto a representarla.
lunes, 5 de octubre de 2015
Dulces sueños
La noche asusta porque nos pilla antes de lo que nos gustaría. Asusta porque vienen a reunirse enemigos primarios de la supervivencia, como el cansancio, el silencio y la falta de luz. Sin embargo, éstos se reúnen en el único momento del día en que son inocuos. Es más, traen consigo fenómenos únicos que tan sólo llegan para visitar a las estrellas.
Los seres mágicos como los reyes magos y el ratoncito Pérez tan sólo son el reflejo infantil de los sueños que podemos generar de adultos. La noche es el cobijo perfecto para nuestros propios sueños. Sólo entonces se enmudecen las voces del resto de extraños. Sólo entonces el cielo es lo bastante oscuro para pintar con tiza una nana alegre que nos acune para dormir.
Incluso cuando el arropo de la soledad nos hace sentir completamente desnudos y expuestos a los demonios de nuestro propio pensamiento. Incluso en ese momento, la noche se vuelve el escenario perfecto para ponerle freno. Porque no hay más obligación que cuidarte a ti mismo, que pensar en ti. Puedes llorar para dejar la mancha en el día que está terminando y empezar un nuevo día limpio. O puedes confiar que en ese momento el mundo no se mueve, y es tu espacio y lugar para mover ficha. Es tu turno en la partida de ajedrez que la vida te mantiene bajo jaque constante. La partida debe acabar en algún momento, pero por la noche es tu oportunidad de comer ficha o, incluso, avanzar un peón hasta el final del tablero y recuperar lo que perdiste. Es tu oportunidad de llegar al final de la partida dando tú el mate, o al menos, tablas.
Hasta aquí mi relato diurno, aunque sea bajo lámpara. En mi relato nocturno aparecen palabras como brillante luna o sueños mágicos. Yo quiero ser ese abrazo que te cura del frío aunque sea en la distancia. Aunque ni siquiera te toque. Tengo entre las manos un puñado de polvos de hadas que puedo soplar hasta tu ventana. La brisa que mueve las hojas en sus ramas, va cargada de esas especias encantadoras de sueños. Deja que se cuele debajo de la puerta y no huyas si los ruidos que producen no suenan del todo bien. Es difícil entonar una nana bonita cuando se construye un manto protector. Déjate envolver por esa música y busca la armonía en sus notas. Es el sonido de la capa que protege tu alma para que puedas dormir sin tener que vigilarla. Vuela libre sin miedo a quemarte con el sol, con orgullo de todo lo que has logrado. Con el orgullo de estar cansada por haber luchado. Se gane o pierda el mero hecho de luchar merece la recompensa de un buen descanso. Túmbate en el mullido sofá y siente como tu cuerpo va dejando caer su peso. Va descargando la presión del día y el sofá se encarga de sostenerte. Siente el descanso que produce la ausencia de zapatos en los pies. Incluso puedes tocarte un dedo para comprobar que es real, que por fin a llegado la noche para descalzarse de presiones. Dibuja círculos en el aire o estrellas o corazones. Dibuja lo que quieras que el calor de las sábanas lo borrará y te hará la única propietaria de esos momentos. Reposa tu mente sobre un chiste , un recuerdo bonito o una buena serie. Recuerda que tu mente también puede dibujar. Dibuja un cofre dónde puedas guardar el brillo de la luna. O la alegría de las estrellas tintineantes. O ambas cosas. O incluso todo lo que se te ocurra.
Y si todo esto te parece un cuento, léelo antes de dormir. Y si todo esto te parece un chiste, léetelo antes de dormir. Aun si esto parece absurdo e inútil, al menos te entretuvo el tiempo suficiente para robarte un beso sin que te enteres. Total, mañana será otro día.
domingo, 4 de octubre de 2015
La pena
La pena es una droga barata. Es tan fácil conseguirla que, en ocasiones, la esnifas sin querer. Parece irónico que los bombardeos acerca de la imprescindible búsqueda de la felicidad nos conduzcan a la tristeza. Debe ser porque conmueve, y tener sentimientos te hace sentir vivo. Es como si nunca fuéramos conscientes de su existencia hasta que duele.
Cierto es, que la alegría también podría moverlo. Sin embargo, de la misma fuerza resultan movimientos menos intensos con la felicidad. Debe estar relacionado con el mismo motivo que hace más difícil conseguir risas que llantos.
Es un paradigma indescifrable que siempre consigue atrapar más de la cuenta. Siempre consigue atrapar a más de los que se dan cuenta. La tristeza mece el alma despacio y se va acomodando sin hacer ruido para no despertar.
Cuando se despierta, porque siempre acabas despertando, puede llegar el final o no. El final llega cuando decides que no quieres seguir fumando tristeza y decides abandonar el sin vivir por el vivir, aunque sea menos intenso. A veces te atrapas sólo y a veces es otro quien te atrapa. A veces, incluso eres tu quien pone las redes del hundimiento sobre otra persona.
Hay algunos ángeles de la tristeza que se alimentan de la felicidad y fortaleza de los demonios. Digo ángeles porque a menudo pueden desbordar bondad. Digo demonios porque nunca imaginan que son los débiles, los que cederán y sufrirán. Por eso, a veces, resulta hasta beneficioso que algún ángel te abandone. Aunque sea por otro demonio.
jueves, 1 de octubre de 2015
Una gota transparente
Transparente no es lo mismo que inocuo.
Transparente puede no ser invisible.
Lo invisible puede ser lo que más destaque.
Son unos versos dedicados a ella que tanto sabe. Ella es una gota transparente que encierra las partes más incomprensibles del mundo.
Su vida consistió en caer. A paso lento, acompasado. Quizá se podría decir que hasta apacible. Sin embargo, apenas cambió durante el recorrido hasta su fin. Un fin predecible y rectilíneo marcado por el borde de la ventana. Ella había amanecido con los primeros calores del coche, producto del morir del vaho. Ella, como tantas otras, era una gota de agua formada por la condensación. Pequeña y transparente.
Lleva consigo la contradicción, perezosa y llena de vida. Fruto del paso de la noche, aparece de día. Reposaba en un lecho blando y colorido. Sobre un edredón de brillante color rojo mostraba su desnuda figura. La foto desde aquel ángulo era una espectacular composición en la que ambas componentes, cama y durmiente, añadían valor a la otra. Ella es esa gota que deja el sol al amanecer sobre una rosa. La rosa impregna de color el transparente de su agua. La gota juega con el color de los pétalos esquivando las espinas, dándole vida a la propia vida. Redonda y reluciente.
Ella no sale en busca de aventuras, ella se escapa. Huye deprisa pero rueda lento. Tan lento que, a menudo, vuelve a ser atrapada por el mismo cuerpo que la dejo salir. Con un poco de suerte, alguien la retira antes, evitando su huida y su vuelta. Ella, tiene un sabor salado poco,. Su sabor amargo puede ser tan potente que lo sientas papilas gustativas distintas a las que lo prueban. Ella es tan transparente como las demás, salvo en la mejilla de algún rostro. En ese momento late tan fuerte que es imposible hacerse el ciego. Lleva consigo el peso del dolor, salió huyendo de un corazón destrozado cargada de pesar. Es una de las gotas más incomprendidas. Nadie quiere verlas, nadie las venera, y sin embargo, son las que más ayudan al alma. Son las que siempre están ahí cuando algo va mal. En cada gota de amargo salado, se está aliviando un poco de desolación sentimental. En ocasiones inclusos, una sola gota puede llegar a ser más intensa que el torrencial de sal que envuelve una pataleta. Todo depende de su composición. Su amargura y su sal.
Ella es hermana casi melliza de la anterior. Se desliza por el mismo terreno y tiene la misma forma en las pinturas. Sin embargo, difiere tanto en su composición que la mezcla con la piel es claramente diferente. Este agua en pequeña dosis, es tan salada como dulce. No huye sino que se escapa sin querer. No consuela sino que busca conquistar el mundo. Es el fruto de una alegría, una emoción o un descanso. Es la gota que colma el vaso de lo bueno. Es en su simpleza una espectacular visión del ser humano. Consigue endulzar varios corazones a la vez y permanecer en el paladar durante bastante tiempo. Es una lágrima buscada, una bonita forma de sonreir. Además es capaz de multiplicar su valor dependiendo de la circunstancia. Es genialidad. Sencillez y esplendor.
Lágrima camuflada entre gemidos. Consecuencia de tocar el cielo con la punta de los dedos. O de los labios. Aparece tras el sexo, pero sólo cuando se trata de amor. Se la relaciona con el acto de un orgasmo cuando se hace el amor. Olorosa y explosiva.
En definitiva, una gota transparente tiene tantos papeles y encierra tantos enigmas que tan sólo se me ocurre acusarla de mágica. Tan pequeña e incolora y cargada con significados descomunales, inmenso y variopintos. Es la clave de la existencia. Puede provocar más ruido y emoción incluso sola que entre miles. Pesa más una lágrima triste que el torrencial flujo de una cascada infinita. Emociona más una lágrima del centro del corazón que lo manantiales del centro de la tierra. Es te quiero, es me importas, es me duele, es me llena de alegría, es rabia, es aliento, es pasado, es presente, es futuro, es...magia. Todo esto y muchas más cosas que no acierto a escribir significa para mi una gota transparente.